
Unos zapatos bien cuidados pueden durarte el doble. No hace falta mucho: unos minutos a la semana y los productos correctos. Así lo haces según el material.
Lo básico para cualquier zapato
- Quita el polvo con un cepillo suave en seco antes de mojar nada.
- Saca las trenzas y las plantillas y lávalas aparte con agua tibia y jabón.
- Limpia con agua y jabón neutro usando un paño o un cepillo de dientes viejo, sin empapar el zapato.
- Sécalos a la sombra, rellenos con papel periódico. Nunca al sol directo ni en la secadora: deforman la suela y despegan el pegamento.
Zapatos blancos
Mezcla bicarbonato con unas gotas de agua hasta formar una pasta, aplícala con un cepillo sobre las manchas y retira con un paño húmedo. Para la suela de goma, una goma de borrar blanca hace maravillas.
Cuero y gamuza
El cuero se limpia con un paño apenas húmedo y luego se nutre con crema o abrillantador para que no se reseque. La gamuza no se moja: usa un cepillo especial en seco, siempre en una misma dirección.
Adiós al mal olor
- Rota tus zapatos: deja que cada par descanse un día.
- Echa un poco de bicarbonato dentro por la noche y sacúdelo en la mañana.
- Usa medias limpias y de algodón o deportivas.
Guárdalos bien
Guárdalos en un lugar fresco y seco, idealmente en su caja. Así no se deforman ni acumulan humedad.
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